Nuestro Testimonio

Fuimos católicos practicantes. Unos concurrían diariamente a misas. Otros, todos los domingos. Algunos pertenecían a diferentes grupos de servicio en la iglesia, otros eran católicos por herencia y no practicantes. En realidad, fuimos fieles a la religión pero estábamos muertos por dentro. “El que tiene al Hijo, tiene la vida; quien no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida.” (1 Juan 5:12)


La mayoría tenía su hogar destruido. Con vicios, enfermedades, depresión…en realidad andábamos sin saber que estábamos lejos de Dios. La angustia y las ganas de no vivir eran lo normal. Siempre lo mismo. Llenos de problemas sin un Dios que nos responda. Creíamos en El, pero su presencia no se manifestaba con poder ni en nuestra vida ni en la iglesia. Y sin saberlo, le cerrábamos la puerta. Doloroso… ¿Verdad? Si alguien se nos acercaba a compartir la Palabra, lo único que nos quedaba por hacer era decirle... “Disculpe, yo soy católico” o poner un cartelito en la puerta, que la misma parroquia nos daba, que decía: “Somos católicos, no nos moleste”. Todo para escudar la ignorancia. Y si alguno se atrevía a escuchar a un cristiano, entonces lo admiraba pues para ese cristiano, la Palabra le era conocida, impartía vida y le era útil.

Y así, cada uno de nosotros tiene un testimonio casi similar, en su búsqueda de Dios. Tenemos que aclarar que, en el año 1987, una mujer con su hogar deshecho, viviendo en grandes pesares, suicidios en su familia, muertes trágicas, siendo fieles a la doctrina católica, llegó a necesitar asistencia por un familiar que necesitaba liberación. Buscaba a Dios desesperadamente y no lo encontraba. Desilusionada con su religión, a la que se dedicaba cada día más y más, lo buscó a Dios en lugares equivocados, curanderos, parasicólogos, etc. Consumía pastillas tranquilizantes. Un día hablando con una peluquera (de religión evangélica) de alguno de sus problemas, ésta le preguntó si creía en las pastillas que consumía, que la tranquilizarían. Respondió que sí, que por eso las tomaba.
Entonces esa peluquera le dijo, que así como creía en esas pastillas y por eso las tomaba, así debía recibirlo a Jesús y no solo creer en El, de esa manera encontraría a Dios, pues eso era lo que ella necesitaba. Y Nary, la mujer de la que estamos hablando, católica, tenía la plena seguridad que no recibiría a Jesús de esa manera, porque ella ya lo recibía en la eucaristía y esa palabra por venir de otra religión, en su ignorancia, la rechazaba. Siguió un año más, con todos los problemas agravados enormemente.


Un día, el peor de todos para ella, cuando se dio cuenta que la ciencia fallaba, los curanderos también, los religiosos no tenían poder de Dios, los consejos no resultaban y era imposible vivir, entonces decidió morir porque todo lo intentó, nada había dejado de hacer y todo había fallado. Pero ya en el momento de terminar con su vida, pensó que en realidad sólo una cosa le faltaba, lo que esa mujer le había dicho: recibir a Jesús. Y dudaba hacerlo, porque era fiel católica. Además pensaba, que Jesús no podría entrar en su vida porque ella era fumadora y había cometido muchos pecados. Pero pensó “bueno, es el fin, si lo recibo, tal vez entra en mí y me ayuda… y nadie se va a enterar, porque estoy sola en la habitación y a nadie se lo contaré”. Y dijo “Jesús, te recibo”. Y la paz llegó a su corazón, por siempre. Y a todo el mundo se lo cuenta.
Esta hermana muy feliz por haber encontrado a Jesús quería que todos los católicos, los de su iglesia, conozcan la Palabra. Que todos sepan que es luz verdadera que alumbra a todo hombre y que el poder del Señor es el mismo por siempre.

Entonces ella empezó a llevar la Palabra al obispo, monjas, sacerdotes, laicos, anunciando que debían recibir a Jesús. Y todo lo que hallaba en la Biblia católica (no adorar imágenes, el único mediador es Jesús y tantas verdades bíblicas) lo compartía con los religiosos.
Así se fueron sumando muchos hermanos a la fe cristiana, bíblica y se anunciaba a Jesús. Y Dios se manifestaba con poder liberando, sanando, restaurando vidas, hogares. Se formaban grupos donde se alababa a Dios, se leía la palabra y se oraba con poder y el Señor confirmaba con milagros, con maravillosas conversiones que El estaba en ese rebaño. Los que creían también predicaban, testificaban y la iglesia no podía hacerlos callar. Sacerdotes recibían a Jesús por fe y pedían que se orara por ellos, para ser sanados o recibir el llenado del Espíritu Santo y oraban en lenguas. Y predicaban la verdad.

En Formosa se compartió la palabra por primera vez con los carismáticos católicos y se les predicó la verdad. Ellos se mantuvieron en comunión hasta que la iglesia les prohibió la comunicación porque dejaban la idolatría. Interpretaban como que “una confusión muy grande entró en la iglesia pues leían la Biblia sin que haya un maestro que los conduzca.” Andrés, de Quitilipi, vino a Presidencia Roque Sáenz Peña, donde ocurría toda esta manifestación del Espíritu Santo. Y fue lleno del Espíritu Santo y oraba en lenguas. Trajo a muchos de su ciudad y se convertían al Señor y eran fieles colaboradores en todo, y ministraban al Señor con maravillosas alabanzas. Nada podían hacer los religiosos contra la verdad porque Jesús es vencedor por siempre y su voluntad es que sea predicado su Nombre a todas las naciones.
Y este grupo de hermanos, que crecía y crece hasta el día de hoy, fue muy perseguido hasta que fue expulsado públicamente de los templos católicos aunque nunca lo será de la iglesia cristiana, mientras sea un cuerpo obediente a su cabeza: Jesucristo el Señor.


Antes de que se nos prohíba nuestra participación en la iglesia católica, el Señor nos fue preparando y guiando en todo.
Nos reveló que formaríamos una nueva congregación, tal es así que sin proponernos o esforzarnos sucedió que día a día crecimos y crecemos buscando siempre agradarle a Jesús no desviándonos de su palabra y queriendo estar bien delante del Señor y así formamos una congregación llamada Iglesia Cristiana Carismática que sigue a Jesús con amor y firmeza en su palabra. Y también hay otras congregaciones que van surgiendo en otros lugares con las que mantenemos unidad en la fe.

Amamos a Jesús. No olvidamos de dónde nos sacó. Y también la necesidad del hombre que aún no puede ver a Dios.
La necesidad de conocer al Amado Jesús.
Siempre queremos que todos sean salvos, y para eso vivimos, para llevar a salvación a cuantos podamos.
Si quieres comunicarte, puedes hacerlo. Estamos dispuestos a ayudarte en el Señor. Nos agrada hacerlo.
Y te contestaremos lo más pronto posible.

Iglesia Cristiana Carismática
Chaco: Pcia. Roque Sáenz Peña: Tel.: 0364-4426461 - Cel.: 0364-154 615324/
Resistencia: Tel.: 0362-4485348 - Cel.: 0362-154 871915/
Tres Isletas: Cel: 0364-154 676753 - 0364-154 335635/
Quitilipi: Cel.: 0364-154 382493 - 0364-154 311476/
Mendoza: Tel: 0261-4273894 - Cel: 0261-15 6203297
E-mail: [email protected]