¿Debemos separarnos de algunos cristianos?

1. Cuando recibimos a Jesús en nuestra vida, fuimos una nueva criatura (2 Corintios 5.17), por lo tanto, las cosas viejas pasaron... ¿Qué cosas?... nuestros pecados, nuestros malos hábitos, nuestra avaricia, nuestra mundanalidad, nuestra inmoralidad, nuestra soberbia.

Todo esto ha quedado atrás.

Nos hemos separado de toda esa vida vieja y contaminante para seguir una fe verdadera, una vida limpia, digna de llevar su Nombre. Compartimos con la gente, de todo, lo cotidiano, festejos, momentos de trabajo o diversión.
Entre toda la gente hay personas que un día fueron cristianas fieles, y ahora ya no lo son. Aunque vayan siempre a su iglesia. O a la nuestra. Pero si ellos están decididos a llevar una vida ofendiendo lo que es de Dios. Exponiendo a vergüenza el nombre de Jesús, debemos apartarnos, no compartir con ellos lo malo. No es que agrade estar separados de otros cristianos que andan de esa manera.
Es una cuestión de obediencia.

Es Dios quién dice en 2 Corintios 6.14 “No os juntéis en yugo con los infieles...” y más adelante, en el versículo 17 nos dice “...Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor.”

Dios no suplica, no está pidiendo “por favor” que nos apartemos: está ordenando que la iglesia fiel, se aparte de todo aquello que es perjudicial por ser contaminante.

Una pregunta del Señor: ¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo? (Amós 3.3).

¿Puede existir una verdadera unión entre dos si no hay entendimiento entre ambos? ¿Puede realizarse algo bueno si no hay unidad entre las partes? La respuesta es: No.

Tan opuestos como la justicia con la injusticia y la luz con las tinieblas, es el cristiano fiel que ama a su Señor con el que tiene amistad y simpatía con el mundo y el gobernante de las tinieblas. Es por eso que el llamado a apartarnos no es cosa de un gusto personal o una ocurrencia, sino que nuestro Dios conoce perfectamente lo que nos conviene y lo que es mejor para su obra.


2. Sois templo del Espíritu. En 2 Corintios 6.16 nos dice: “...vosotros sois templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré en ellos; y seré el Dios de ellos, y ellos serán mi pueblo…”

Cuando creímos en Cristo, el poder regenerador de Dios obró en nuestras vidas, así lo manifiesta
Tito 3.5 “No por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia nos salvó, por el lavamiento de la regeneración…”.

Fue obra de Dios que fuimos declarados limpios y aceptos ante su presencia. Por eso, Pedro nos llama “real sacerdocio y nación santa” (1 Pedro 2.9).
Porque hemos sido apartados del mal para servir a quien nos ha redimido, llevando su verdad a quienes están en tinieblas. Un pueblo apartado, viviendo en santidad. Quien vive en santidad, vive apartado del pecado y todas sus manifestaciones. Quien lleva una vida apartada de las influencias del mundo, es templo del Dios viviente. Es ahí donde habita Dios... en corazones limpios y sinceros, en vidas regeneradas.

¿Queremos sinceramente que el Espíritu de Dios haga morada en nuestro ser? ¿Queremos ser templos del Dios viviente? Si la respuesta es afirmativa, entonces la orden para el cristiano es: Apartaos.
Debemos separarnos... pero...

3. ¿Separarnos de quiénes? No de la gente de este mundo. De los inmorales, avaros, ladrones, idólatras, y de tantos que no recibieron a Jesús en sus vidas.
"...Pues en tal caso sería necesario salir del mundo. Más bien no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis..." (leer 1 Corintios 5.9-13).

En estos días, el pueblo cristiano en general, se halla expuesto a una diversidad de contagios ideológicos, de costumbres y hábitos perjudiciales para su crecimiento. Es cosa que miremos a nuestro alrededor y observemos cómo muchas congregaciones están dejando entrar más y más ideas, conceptos, formas y costumbres no bíblicas.


4. Los contagios. Últimamente se ve una enorme adicción a todo lo que implique innovar. Nuevas formas de culto, nuevas formas de alabanza, nuevas técnicas de evangelización, novedosos métodos para mejorar el nivel espiritual.

Así también, muchos creen que la seriedad ya es cosa del pasado, y por lo tanto debe darse paso a expresiones bromistas, burlonas, más libres, para así dejar - según ellos - más libertad al Espíritu y así aparecen las nuevas técnicas de evangelización, para “atraer” a las personas, cayendo en lo que conocemos como el “Evangelio de Entretenimiento”, donde es más importante entretener a las personas que hacerles ver su condición de pecadores y la necesidad de arrepentirse. Donde el espectáculo importa más que el contenido bíblico y doctrinal.

Todo esto lo realizan – según dicen - con el fin de “llegar con el evangelio al mundo”, sin darse cuenta que en la práctica, lo que están haciendo es “traer el mundo a la iglesia”.

Otro ejemplo es la llamada “psicología cristiana” donde se manifiesta una fe más firme en las capacidades del hombre que en el poder de Dios.

No vemos en esto seriedad y respeto a la Palabra, más bien, vemos una liviandad, otros intereses y falta de conocimiento de las escrituras.Lo que en muchas iglesias se impone hoy, no es el consejo de la Palabra de Dios, sino la moda. Moda en la Biblia que se usa, en las alabanzas que se entonan, en las frases comunes mundanas que andan en labios de la hermandad.

¿No es todo esto para que nos preocupemos, y nos examinemos cada uno y también a nuestras congregaciones?

Quizá para alguno, esto resulte nuevo, pero la verdad, mis queridos hermanos Dios en Su Palabra ya nos ha advertido:
Gálatas 1.7 “No que hay otro, sino que hay algunos que os inquietan, y quieren pervertir el evangelio de Cristo.”

Es necesario, hermanos, reaccionar pronto, debido a que detrás de todas las cosas siempre hay objetivos e intereses y alguien se mueve para lograr esos objetivos. ¿Y quién está detrás de todo esto? ...nuestro adversario el Diablo, que valiéndose de sus múltiples disfraces ha utilizado medios, formas y métodos para engañar sutilmente a muchos cristianos.

Debes reconocer que un día hemos sido iluminados por el Espíritu Santo y tenemos el privilegio de poder comprender lo que las escrituras nos revelan al respecto. Dios es justo y no dejó Su palabra para unos pocos, sino para toda la raza humana y tenemos acceso a las verdades Bíblicas para practicarlas.

Por lo tanto, si somos conocedores de la verdad (La Palabra de Dios), si por esta verdad nos damos cuenta que la iglesia, los cristianos de hoy, han caído en serios peligros, trampas tendidas por Satanás, por buscar la unión con sistemas que los llevan a una apostasía... entonces... ¿qué debemos hacer? ¿mantenernos indiferentes? ¿podremos ser capaces de vendar nuestros ojos y tapar nuestra boca para no denunciarles donde se encuentran?.

Si vemos el peligro y no lo denunciamos, nos volvemos cómplices de aquello y no solo eso, sino que tendremos que sufrir las consecuencias.

Y nuestro deber es “Ser luz en medio de las tinieblas” y no “confundirnos con las tinieblas”.

Por más que busquemos excusas; por más que queramos tapar nuestra boca para no denunciar los errores, no tenemos disculpa alguna. Si amamos a nuestro Señor, si amamos a nuestros hermanos en Cristo, debemos ser leales y mostrar claridad y firmeza, a quienes insisten en buscar la comunión con las cosas de este mundo.

2 Timoteo 4.1-2 dice: “Requiero yo pues delante de Dios, y del Señor Jesucristo, que ha de juzgar a los vivos y los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende; exhorta con toda paciencia y doctrina.”

Es nuestra responsabilidad, redargüir, reprender y exhortar a tiempo y fuera de tiempo, porque a los ángeles no ha sido encomendada esta tarea; tampoco a un grupo exclusivo de personas o líderes, sino a nosotros, los hijos de Dios, a la Iglesia de Cristo.

Al pueblo de Israel le fue ordenado entrar en la tierra prometida, destruir a todos sus moradores y jamás hacer alianza con ellos, porque de lo contrario terminarían cayendo en los mismos pecados de aquellos pueblos idólatras (Exodo 34.10-16).
Pero el pueblo fue desobediente, se olvidó de las advertencias de Dios e hicieron alianzas con pueblos idólatras... y como resultado, se contaminaron, recibiendo sus consecuencias.

Desobedecer a la orden que hoy Dios nos da, implica actuar como necios, pues si nuestro Dios que conoce todas las cosas, que muda los tiempos y las oportunidades, que quita reyes y pone reyes, que da la sabiduría a los sabios... sabe, que apartarse de los engaños de Satanás es lo mejor que debemos hacer.


5. ¿Quiénes somos nosotros para cuestionar sus consejos?
Necios somos si no obedecemos su Palabra. Según nuestra situación,actuemos. Si practicamos un cristianismo moderno que desagrada a Dios, con arrepentimiento sincero, volvamos a ser como El quiere.

Si estamos compartiendo la fe en una iglesia donde el Pastor permite chistes, groserías "inocentes", pide dinero (no como Jesús, sino a su manera, insistente,amenazante, enfatizando el tema, haciendo pactar con... ¿Dios?) vemos inmoralidad, altanería,etc. entonces salgamos de allí. Eso les servirá de advertencia a esa iglesia. De exhortación. Que sepan que lo que hacen está mal.

Pretextos pueden haber muchos para justificar nuestra negligencia, pero no debemos olvidar que un día el Señor demandará de cada uno de nosotros, todo aquello que debíamos haber hecho y no lo hicimos; todo aquello que debimos en su tiempo denunciar y escogimos callar.


6. No nos conviene edificar con vosotros.
Todos dicen amar a Dios: mormones, judíos, testigos de Jehová, musulmanes, católicos, evangélicos, etc. Todos dicen servir al mismo Dios, pero en formas muy diferentes.

En Esdras 4.3 leemos lo siguiente: “Y Zorobabel, Jesús y los demás cabezas de los padres de Israel dijeron: No nos conviene edificar con vosotros…”
¿Por qué no aceptaron la ayuda ofrecida por los pueblos de los alrededores?

Una ayuda es buena recibirla. Un dirigente cristiano de hoy, si hubiese estado en la misma situación, tal vez habría aceptado. Porque hoy ya hay una siembra a recibir ayuda de quien sea.
¿Y Dios? ¿Qué lugar ocupa en tus decisiones? Esdras conocía la Palabra de Dios y actuaba con celo por lo que pertenecía al Señor.

Separación es lo necesario para quien se entrega en las manos de Dios, por lo tanto, debemos rechazar cualquier “ayuda para construir juntos”. Al respecto, tenemos el ejemplo de Esdras, quien además de rechazar la ayuda, de una manera muy enérgica, hace romper todos los matrimonios mixtos, y aunque pueda parecer severo o fanático, esto libró a Israel de la idolatría en aquella oportunidad.

Esdras, como también Nehemías, hicieron algo muy importante, que marcó y determinó la forma que ellos actuaron y que hoy lamentablemente muchos no quieren entender y reconocer; me refiero a que ellos dedicaron tiempo a leer “el libro de la ley de Dios” claramente y pusieron el sentido, de modo que entendiesen la lectura.

No lo hicieron una vez, sino durante siete días, lo que produjo arrepentimiento y consagración. Y por consiguiente, el compromiso de separarse de todo aquello que les era perjudicial.

Si actuamos bajo nuestro propio parecer y no conforme al mandato de Dios, lo más seguro, es que en poco tiempo estaremos recibiendo la “ayuda” de aquellos que desean edificar para Dios con nosotros, pero lejos de la voluntad de Dios.


Conclusión:
Quizá parecemos obstinados, orgullosos, primitivos, aburridos, que queremos frenar el avance de las iglesias. Pero a la luz de la Palabra de Dios, hemos entendido que es nuestra responsabilidad hablar la verdad y separarnos de todo aquello que es perjudicial, para el crecimiento de la iglesia.

Su palabra nos ha advertido de lo peligroso que es mantenerse unido a todo aquello que no es de Dios, a todo aquello que lo único que hará será destruirnos.

Ante estas advertencias ¿Qué debemos hacer? ¿Permanecer indiferentes y complacientes para quedar bien con los demás? ¿Hemos de ignorar el consejo de la Palabra de Dios? No estamos sirviendo a los hombres, sino al Señor; lo que hacemos es guardar fidelidad a quien nos dio tan grande salvación y obedecer lo que por su Palabra nos ha encomendado.

En más de una oportunidad hemos escuchado decir: “La verdad duele”, por eso cuando hablemos verdad a aquellos que no quieren entender que es necesario apartarse, seguro se sentirán incómodos y molestos, por, denunciar sus equivocaciones conforme a Dios.

Se puede ser tildado de sectarios, precursores de la división entre las iglesias, por el hecho de hablar y denunciar, muchas falsedades en las iglesias. Igualmente, por amor a los cristianos, seguiremos luchando, combatiendo ardientemente por la fe genuina.

“Porque no somos como muchos,
mercaderes falsos de la palabra de Dios:
antes con sinceridad, como de Dios, delante de Dios,
hablamos en Cristo.”

2 Corintios 2.17


Ama al SEÑOR y no ames al mundo y lucha para que la iglesia mejore su testimonio.
Por favor, sé fiel.

Nuestro amor por Jesús y por ti, hace que actuemos de esta manera.

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